INTRODUCCIÓN AL BLOG
Evangelio del día + breve explicación en un minuto.
La Iglesia antes de ser evangelizadora y caritativa es escuchadora de la Palabra.
¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen como María de Nazaret! Gracias por tu visita. Si te ha gustado añade me gusta. Compártelo en las redes.
La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, que ilumina la vida de cada hombre y mujer creyentes. Bien sabemos que «el plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas…y la verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre que transmite dicha revelación, resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelación» (D.V. 2).
19No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la
polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. 20Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma
que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. 21Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. 22La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu
cuerpo entero tendrá luz; 23pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a
oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!
Celebramos el Viernes de la Undécima Semana del Tiempo Ordinario.
Dios debe ser el huracán que nos lanza hacia metas insospechadas y el faro que nos ilumina el sendero que acoge nuestros pasos, la paz que deja la guerra y nos deja insatisfechos.
En el Evangelio de este Viernes de la Undécima Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Mateo (Mt 6,19-23).
Jesús recomienda a sus discípulos a tener una actitud de desapego o renuncia afectiva y efectiva a los bienes materiales, pues la auténtica riqueza está en Dios mismo
Cierto es que la persona se define por los valores que estima y por las seguridades que busca: “Donde está tu tesoro allí está tu corazón”. Lo opuesto a la acumulación de riquezas es compartir lo que se tiene, mientras que el apego a los bienes hace de nosotros personas egoístas y encerradas en si mismas.
Supliquemos la ayuda necesaria para anunciar el Evangelio: “Señor, recibe nuestros miedos y transfórmalos en confianza. Recibe, Señor, nuestro apegos a los bienes de la tierra y transfórmalo en generosidad y entrega. Amén.

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