Evangelio del día + breve explicación en un minuto.
La Iglesia antes de ser evangelizadora y caritativa es escuchadora de la Palabra.
¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen como María de Nazaret! Gracias por tu visita. Si te ha gustado añade me gusta. Compártelo en las redes.
La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, que ilumina la vida de cada hombre y mujer creyentes. Bien sabemos que «el plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas…y la verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre que transmite dicha revelación, resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelación» (D.V. 2).
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no
podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad,
os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que
hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y
os lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he
dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».
Celebramos el VI Miércoles de Pascua. Miramos en este día, con especial interés y devoción, a la Virgen María en su advocación de Ntra. Sra. de Fátima.
Dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 970 que “ La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia..." (LG 60).
En el Evangelio de este VI Miércoles de Pascua, Jesús invita a los discípulos a la confianza y a la paz.
Es el final del último discurso de Jesús después de la cena. (Jn 16,29-33).
Después de tantas incomprensiones, después de un largo camino sembrado de dificultades, de dudas, parece, por fin, que los apóstoles, ¡han llegado a la fe! Por lo menos, esta es una nueva afirmación de su fe... porque el camino doloroso de sus dudas, de sus cobardías y de sus abandonos, no ha terminado todavía. "Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios". Esto es justamente lo que los discípulos han experimentado en su trato con Jesús; sabe las cosas de Dios y sabe cuanto se refiere a la felicidad y a la desgracia del hombre.
Les llama a la paz, sabiendo que la única manera de encontrar la paz es seguir confiando en Él y en su Palabra. Porque él no está solo. El Padre está con él y, por tanto, tiene que ser en realidad el vencedor. El Padre no puede ser vencido.
Dirijámonos a la Virgen María para que nos conceda un corazón confiado y sencillo para confiar en Dios y en los demás. Amén.
ESPECIAL: FIRMES Y SEGUROS EN JESUCRISTO.

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